viernes, 14 de noviembre de 2014

LO JURÍDICO Y LO POLÍTICO: RAJOY






LO JURÍDICO Y LO POLÍTICO: RAJOY




Aunque con éste título tan rimbombante de: lo jurídico y lo político, hay tema para un libro de muchasmuchas páginas, tropecientasmil, o más, lo único que quiero ahora es relacionar ambas ideas con la intervención del caballero señor don Mariano Rajoy Brey, habida en relación con eso que se ha hecho tan famoso del referéndum del 9 de noviembre en Cataluña, que, según el Presidente, no existió pero es ilegal.

Alguna contradicción parece haber entre determinar que algo no existe y decir que ese algo inexistente es ilegal, salvo que sea una ilegalidad inexistente, en cuyo caso todo cae dentro de la crítica utópica, camino seguido en el arte, sin demasiado recorrido hasta el momento. Pero dejemos eso.

La respuesta que escuché del caballero señor Presidente del Gobierno del Reino de España, en su intervención, ha sido la propia de un buen y previsible Registrador de la Propiedad, de un Abogado de la burguesía; también la propia de un Presidente del Gobierno en una democracia liberal, ya que difícilmente se podría escuchar a alguno, no insurgido de una revolución triunfante, decir que estaba conforme en saltarse la Ley. Ni a un Registrador de la Propiedad, por oposición, ni a un Presidente del Gobierno, por elección, se le puede pedir tal cosa.

Lo que el caballero señor Rajoy ha dicho en su comparecencia ha sido la vieja cantinela de: de la ley a la ley, que les sonará añeja pero real a todos los que peinen ya las suficientes canas. Y ese de la ley a la ley, requiere en el presente caso la reforma de la Constitución. Los catalanes, lo que tienen que hacer es proponer que se reforme la Constitución, para ir de la ley a la ley, sin ruptura.

Sin la menor duda el caballero señor Más lo sabe perfectamente, que eso es así; lo sabe por sus asesores, por su sentido común y porque se lo ha dicho clarito el caballero señor Rajoy y todos sus señores correos, pero no le interesa, y quizá tampoco pueda, debido a sus compañeros de viaje, escucharlo con aprovechamiento. Por otra parte, al ver tan lejana la posibilidad de una reforma constitucional que dé a Cataluña lo que ahora empieza a querer cada vez con más fuerza, lo probable sea que se decida convocar elecciones anticipadas, plebiscitarias, que desemboquen en la alternativa de: o reforma de la Constitución para la creación de un Estado Federal, o fin de la democracia liberal, para que permanezca el Estado Español tal como lo conocemos.



Rajoy lleva razón al decir que él no se niega a estudiar una reforma de la Constitución, que, para dar entrada a lo que se pide desde Cataluña sería una verdadera mutación constitucional, pero que debe ser propuesta así formalmente, y que nadie lo hace.

Reformar la Constitución para hacer un Estado Federal tiene sus dificultades; la primera, la naturaleza ya señalada de que lo que se haría sería una mutación, no un cambio constitucional, pero hay otras. Y esas otras dificultades son aún mayores. En un sistema federal español futuro ¿tendrían cabida diferentes competencias para los diferentes territorios, que afectaran a elementos clave de la soberanía, como el sistema fiscal, por ejemplo? ¿El cupo vasco y el régimen navarro, son compatibles con un sistema de listas competenciales propias de un Estado federal?

Áteme usted esa mosca por el rabo, y no es la única que vuela.


Como Rajoy no tiene respuesta política que dar al órdago político que se lanza desde Cataluña, responde con argumentos jurídicos, propios de un buen Registrador de la Propiedad, pero, absolutamente impropios de un político, si no los complementa con una alternativa política a lo que desde Cataluña se está planteando, no a Rajoy, nos lo están planteando al resto de España.

Y a mí no me gusta nada constatar, pero creo que es lo que está pasando, que desde Cataluña nos están planteando que España ha de renovarse, y que ellos señalan el camino de esa renovación.

Sería conveniente que se analizaran los elementos de racionalidad que pudieran existir en su querencia, aunque afectaran a la forma del Estado, y supusieran una mutación o novación constitucional, si no se quiere poner en riesgo, nuevamente, la pervivencia de la democracia liberal entre nosotros.