miércoles, 29 de octubre de 2014

¡ PERO QUÉ COÑO DE PERDONES !



EDITORIAL
No es suficiente
Además de pedir excusas, la regeneración exige limitar y controlar los poderes de los partidos



¡PERO QUÉ COÑO DE PERDONES¡
(no han cumplido los requisitos de una buena confesión para poder alcanzar la válida absolución, y por sus pecados serán juzgados y justamente condenados en la próxima cita electoral, por el único dios existente en una democracia: el Pueblo, votando)




La verdad es que esto no da para más; ¿pero qué coño es eso de los perdones? Después de todo resulta que no llevaban razón, que ya es tarde para decir aquello de la presunción de inocencia y tal y tal; porque lo de ahora, aunque sean más, aunque ya las redadas sean de rebaños de chorizos supongo que jugará para ellos la misma presunción de inocencia que cuando los detenían de uno en uno.

Y la cosa no ha terminado, alguno de ellos puede hablar, y entonces que otros sigan el mismo camino. Pero eso es adelantar acontecimientos.
La cuestión es averiguar lo que encierra ese coño de los perdones. Y no encierra nada, encierra aire, encierra la verdadera naturaleza del asunto: la estafa a todo un pueblo, a su democracia. En el fondo es una traición, examinada la cosa en su conjunto. La traición del franquismo residual y de los recién llegados hambrientos de lo mismo, al conjunto de los ciudadanos.



Ellos piden perdones, el señor caballero don Mariano Rajoy y la señora doña Esperanza Aguirre, bueno: ¿y qué?, porque es muy posible que exista en España un sector de la población muy amplio que no esté dispuesta a perdonar, ni siquiera a perdonar lo que ya se sabe y es aceptado por ellos, una, podríamos llamar, culpa in eligendo, y entonces ¿qué?

Es como el matón y abusón del colegio o la discoteca, o lo que sea, que además de pisar y molestar a los demás, para mayor escarnio, según lo hace va pidiendo que le perdonen, o, como en la película Grupo Salvaje, cuando después del fracaso del primer asalto, y al ver que lo que han robado han sido arandelas de plomo, el mexicano le pide a otro de los ladrones que haga el favor de no matarle, donándolo su parte, mientras le apunta con una pistola, antes de que el otro saque su arma, como pensaba hacer para, él sí, matar al mexicano.

Pero, y si no queremos perdonarles, ¿qué va a pasar?; ¿qué significa que asumen lo sucedido y sus, ellos lo llaman, errores, en la selección de las personas? ¿Cómo interpretar, y tolerar, la reserva mental del caballero señor don Mariano Rajoy, dicha acto continuo a la frase en la que pide disculpas, cuando añade, en la medida en que se confirmen los indicios, o algo semejante, más que el viejo juego diabólico de lo que llaman presunción de inocencia, que entre nosotros juega como garantía de impunidad? El poder y la casta han interpretado lo de la presunción de inocencia en la misma torcida manera que los asesinos interpretaron las ideas del profesor en la película La soga.



No, no se les disculpa, ¿y ahora qué?. Porque la comprobación de que no se les disculpa es, en la medida en que el Senado represente algo del pueblo español, que los grupos no aceptaron, ante las palabras del referido señor caballero, decir pelillos a la mar, y aquí no ha pasado nada; bueno, en el fondo lo que no aceptaron es decir aquello de perro no come perro, ni su traducción política de hacer con el Partido Popular y su Gobierno un pacto anticorrupción.

Es posible que sea que estos caballeros y señoras estén demasiado penetrados de la ideología católica, y en concreto de la mistificación que supone el sacramento de la confesión, pero que hubieran olvidado los requisitos de la válida y liberadora del pecado. Yo, que no sigo esa creencia, recuerdo las clases de catecismo y sé que, según ellos, es necesario examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia.



Así que examinemos esos requisitos uno a uno: Examen de conciencia, evidentemente falta, ya que han sido los jueces y la policía y la guardia civil los que están desvelando la situación de corrupción a la italiana  del partido del gobierno; Dolor de los pecados, su manifestación más descarnada ha sido el mantra de que colaborarán con la justicia, cuando al evidencia basada en hechos es  que, si pueden no colaborar, no colaboran, si pueden entorpecer, entorpecen y que no pueden hacer otra cosa que decir que colaborarán con ella, ¿ o es que alguien supone que podrían decir algo como que no colaborarían con la justicia?; Propósito de la enmienda: eso lo puede juzgar cualquiera ahora que la gente está hasta arriba de noticias de corrupción, si no dijeran manifestar propósito de la enmienda no les volverían a votar jamás, por lo que estarían labrando su propia ruina ( que sea eso lo que están haciendo, es otra cosa, pero no es lo que quieren, ellos lo que quieren es salvarse). Es decir: de propósito de la enmienda, nádená. En cuando a lo decir los pecados al confesor, es claro que falta este requisito, puesto que lo que van reconociendo a trancas y barrancas, es lo que la justicia va desentrañando lentamente. Finalmente, cumplir la penitencia. De eso ora vez nádená



Estos señores y señoras, esperan el perdón sin cumplir penitencia alguna, solo creen que con pedir perdón y decir que asumen, ya está. Si yo cometo una infracción de tráfico me ponen una multa y no tengo ni derecho a una defensa efectiva que no me cueste más de lo que importa la multa, pero ellos creen que con pedir disculpas por el marasmo que nos hacen vivir, ya hay suficiente. Pues no.



La única penitencia que en este estado del procedimiento es aceptable es resignar el cargo; lo demás son pamplinas.



En conclusión, no han cumplido los requisitos de una buena confesión para poder alcanzar la válida absolución, y por sus pecados serán juzgados y justamente condenados en la próxima cita electoral, por el único dios existente en una democracia: el Pueblo, votando.